Daniel Serrano Prefiere Pagar Encuestas antes que Gobernar para el Pueblo de Izcalli
Por: Fernando Elías
Introducción: La brecha entre la ficción pagada y la realidad con sed
En el municipio de Cuautitlán Izcalli, la realidad municipal se ha convertido en un campo de batalla entre los datos duros de la miseria social y las ficciones mediáticas construidas desde la cúpula del ayuntamiento. A casi tres años de distancia del inicio de la administración de Daniel Serrano, lo que alguna vez fue presentado como un bastión de la llamada «Cuarta Transformación» en el Estado de México, hoy muestra las grietas profundas de una gestión que ha priorizado la soberbia personalista por encima de la construcción colectiva.
Hay una distancia abismal entre el municipio que describe Daniel Serrano en sus conferencias —respaldado por gráficas de aprobación que parecen sacadas de un sueño guajiro— y el municipio que se levanta cada día con cortes de agua, manifestaciones en las calles y una creciente sensación de abandono. Esa distancia, señores lectores, no es casualidad. Está pavimentada con recursos públicos que debieron destinarse a tuberías, drenajes y seguridad, pero que en cambio han servido para alimentar la vanidad de un «gerente» que ha hecho de la simulación su único arte de gobierno.
En la primera parte de esta investigación, publicada en esta misma revista, desmenuzamos la red de encuestadoras de dudosa procedencia que Serrano contrata para sostenerse en una realidad paralela. Empresas como Demoscopia Digital, dirigida por un militante priista con títulos académicos no verificables, y Rubrum, comandada por un exdiputado local del PAN en Nuevo León, se han convertido en los brazos armados de una estrategia de desinformación.
Pero el asunto no se queda en la anécdota de las encuestas pagadas. La gravedad del asunto alcanza su punto más álgido cuando confrontamos esas ficciones con los datos duros que emanan de instituciones como el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI). Y es ahí, en el terreno de los hechos, donde el castillo de naipes de Serrano se desploma estrepitosamente.
Mientras el alcalde presume de resultados en sus spots pagados con dinero de los izcallenses, la Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana (ENSU) coloca a Cuautitlán Izcalli en una posición que debería darles vergüenza: el último lugar en efectividad para atender las necesidades de la población. No es una opinión, no es un editorial malintencionado. Es la medición oficial del gobierno federal, la misma que encabeza Claudia Sheinbaum, cuya visión de transformación Serrano dice —con cinismo— respaldar.
Este artículo es una inmersión en las entrañas de esa contradicción. Analizaremos cómo la mala gestión del agua, la negación de las protestas ciudadanas y el incumplimiento de compromisos formales evidencian que Serrano no solo ha traicionado al movimiento que lo llevó al poder, sino que está gobernando con los métodos del viejo régimen priista que tanto criticó en campaña.

I: ENSU vs. Encuestas de Papel: El Dato Oficial que Desnuda la Mentira
La Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana (ENSU) es, quizás, uno de los instrumentos más respetados en el ámbito de la medición gubernamental. Realizada por el INEGI, su metodología es pública, rigurosa y contrastable. Sus resultados no los compra nadie. Y sus cifras recientes para Cuautitlán Izcalli son un parteaguas.
De acuerdo con los últimos cortes de la ENSU, el municipio presenta niveles de insatisfacción ciudadana que lo colocan en los últimos lugares a nivel nacional en cuanto a la percepción de efectividad de las autoridades locales. ¿Qué significa esto? Que cuando se le pregunta a la gente si confía en que su gobierno municipal resuelve los problemas básicos —agua, seguridad, alumbrado, bacheo—, la respuesta es abrumadoramente negativa, 9 de cada 10 izcallenses reprueban al gobierno municipal.
Esta realidad contrasta brutalmente con las encuestas que Serrano presenta como si fueran trofeos. Mientras Demoscopia Digital —el emporio del priista Mario Alfredo Garza Ordaz— le maquilla una aprobación ficticia, la ENSU revela un municipio sumido en la desconfianza. La pregunta que debería hacerse cualquier órgano de control interno es: ¿cómo es posible que un gobierno que ocupa los últimos lugares en las métricas oficiales del INEGI insista en contratar encuestas privadas para fabricar un escenario de éxito?
La respuesta es tan antigua como el cinismo político: si la realidad no le favorece, se compra una realidad a la medida. Pero en el camino, lo que se pierde es la oportunidad de corregir el rumbo. Serrano ha preferido pagarle a priistas para que le digan que va bien, en lugar de hacerle caso al INEGI —y a los vecinos— que le gritan que va mal.
II. La Soberbia Autoritaria y el Choque con el Humanismo Mexicano
Mientras la presidenta de la República, Claudia Sheinbaum Pardo, impulsa desde el centro del país un modelo de gobierno basado en la máxima de «Por el bien de todos, primero los pobres» y la construcción de una democracia participativa, en Izcalli se vive una realidad paralela marcada por el autoritarismo.
Fuentes consultadas dentro del ayuntamiento y personal que han sido purgados describen un estilo de gestión profundamente antidemocrático. Serrano ha impuesto una visión municipal donde la crítica es considerada un acto de traición. Las reuniones de cabildo, espacios que deberían ser de debate plural, se han convertido en sesiones donde los regidores de la propia alianza que lo llevó al gpbierno, son descalificados públicamente y donde los propios morenistas disidentes han sido amagados con la expulsión o con la cancelación de recursos.
La soberbia del edil no es un simple rasgo de personalidad; es una política de gobierno. Al centralizar todas las decisiones en su figura y en un pequeño grupo de colaboradores, Serrano ha anulado las capacidades técnicas del ayuntamiento. El resultado es una administración que reacciona tarde y mal ante las crisis, y que canaliza su energía no en resolver problemas, sino en construir una cortina de humo mediática.
El contraste con el proyecto nacional no podría ser más evidente. Mientras Sheinbaum llama a la unidad, a la rendición de cuentas y a la honestidad como bandera, el «gerente» de Izcalli utiliza los recursos públicos para pagar encuestas que le inflen el ego y para amordazar a la prensa que se dice independiente mediante la compra de espacios y los transforma en «medios chayoteros».

III: OPERAGUA y el Frente Social Amplio Izcalli: La Gota que Derramó el Vaso
Si hay un espacio donde el fracaso de la administración Serrano se vuelve tangible, ese es el agua. El organismo operador municipal, OPERAGUA, se ha convertido en el epicentro de la indignación popular. La promesa de la «Cuarta Transformación» era garantizar el acceso al agua como un derecho humano. En Izcalli, la realidad es la de colonias enteras que pasan días sin recibir una gota, mientras las autoridades se enfrascan en disputas internas y justifican la falta de inversión.
Las manifestaciones frente a las instalaciones de OPERAGUA se han vuelto recurrentes. Pero la más reciente, organizada por el Frente Social Amplio Izcalli, marca un punto de quiebre en la relación entre la ciudadanía y el gobierno municipal. El dirigente de esta organización, Alfredo Mendoza, ha salido al frente para denunciar lo que muchos susurran en privado: que el gobierno de Serrano no solo no resuelve, sino que incumple sistemáticamente los compromisos que firma en las minutas de las mesas de diálogo.
Las minutas son documentos públicos. En ellas, el ayuntamiento y OPERAGUA se comprometen a fechas precisas para la reparación de pozos, la instalación de válvulas, la entrega de pipas con regularidad. Sin embargo, fuentes consultadas dentro del propio Frente Social Amplio Izcalli coinciden en que esos acuerdos son papel mojado. La autoridad firma, se toma la foto, y después deja que el tiempo diluya las promesas.
La situación es tan grave que durante la última manifestación, los ánimos llegaron a un punto crítico. No hubo violencia —la organización popular ha demostrado mayor madurez que las autoridades—, pero sí una indignación que trasciende lo administrativo para convertirse en una crisis de legitimidad. Vecinos de diferentes colonias, con carteles en mano y la garganta seca por la falta de agua, corearon consignas que ningún encuestador pagado puede borrar.

IV: «Da Coraje»: La Voz del Pueblo Contra la Traición Morenista
El trabajo de campo realizado por este medio durante las jornadas de protesta en OPERAGUA nos permitió recoger el testimonio directo de los protagonistas: los vecinos y vecinas que votaron por Morena en 2024 con la esperanza de un cambio municipal real y que hoy se sienten profundamente defraudados.
«Da coraje», nos dijo una mujer de la colonia La Piedad, mientras esperaba una pipa que nunca llegaba. «Votamos por Serrano pensando en un cambio y ses igual a los prianistas, qué decepción». Esta frase, repetida con distintas inflexiones a lo largo del día, resume el sentimiento predominante en las calles de Izcalli.
No es un descontento menor. Es la constatación de que Daniel Serrano ha logrado algo que parecía difícil: convertir a los votantes de la transformación en escépticos. La promesa de un gobierno honesto, cercano y eficiente ha sido reemplazada por una administración que los vecinos perciben como distante, soberbia y, lo que es peor, igual de ineficaz que los gobiernos del PRI y del PAN que tanto denostó en campaña.
La pregunta que surge es inevitable: ¿qué diferencia hay entre un gobierno priista que no resuelve el agua y un gobierno morenista que también la deja sin resolver? Para los ciudadanos, ninguna. Para la estructura de poder, la diferencia es que Serrano gasta fortunas en encuestas para que no se vea su fracaso, mientras los priistas al menos tenían el cinismo de no disfrazar su abandono con spots de «transformación».

V: El Gerente y su Desprecio por la Organización Popular
La gestión de Serrano ha mostrado un desprecio sistemático por la organización popular. Lejos de fomentar la participación ciudadana, su administración ha actuado con una lógica que recuerda a los peores años del corporativismo priista: se privilegia a los líderes funcionales al gobierno, se desmoviliza a las asambleas comunitarias y se criminaliza la protesta.
El caso del Frente Social Amplio Izcalli y su dirigente Alfredo Mendoza es paradigmático. Ante la exigencia legítima de cumplir con compromisos firmados en minutas, la respuesta del gobierno ha sido el silencio administrativo y el desgaste. No hay voluntad de diálogo genuino; hay una estrategia de desgaste que busca que los ciudadanos se cansen de exigir.
Esta actitud antidemocrática se extiende a otras esferas del municipio. Los regidores de oposición y a algunos del mismo grupo que lo llevó al gobierno municipal, han sido marginados; los consejos de participación han sido vaciados de facultades y cooptados; cualquier crítica pública es tratada como un «ataque personal» por un alcalde que se cree perseguido cuando en realidad solo se le señalan sus incumplimientos.
La soberbia, como señalamos en nuestra primera entrega, no es un rasgo de carácter; es una política de gobierno. Serrano ha decidido que no necesita de la gente para gobernar, que le basta con sus encuestas pagadas y sus spots chayoteros. Pero la gente, como las manifestaciones en OPERAGUA lo demuestran, sigue ahí, y sigue teniendo sed.

VI: Las Empresas del Engaño: Demoscopia y Rubrum, una Nueva Entrega de Evidencias
¿Cómo puede un gobierno que enfrenta reclamos generalizados por fallas en el suministro de agua, inseguridad y un crecimiento urbano desordenado, mantener la ficción de que es «el mejor evaluado»? La respuesta está en los miles de pesos que salen de las arcas municipales para financiar encuestas que no pasan el más elemental escrutinio metodológico.
Serrano ha desarrollado una adicción a las encuestadoras que le fabrican una realidad paralela. En sus conferencias y redes sociales, presume mediciones de aprobación que contradicen cualquier percepción de calle. Pero detrás de esas empresas se esconde una red de intereses que revela la fragilidad ética de su administración. Dos de las empresas recurrentes en este ecosistema de simulación son Demoscopia Digital y Rubrum.
Demoscopia Digital: Entre la falsa experiencia y el militante priista
La primera parada en este viaje al fraude metodológico es Demoscopia Digital. Esta empresa, que ostenta seriedad en sus informes, presenta en su sitio web la bandera de contar con «20 años de experiencia». Sin embargo, una revisión somera de los registros públicos salta la primera contradicción insalvable: el dominio de su página web fue registrado apenas en 2020.
¿Cómo es posible tener 20 años de experiencia si su identidad digital apenas tiene 4 años? La respuesta sugiere una práctica común en el sector de las encuestas «a modo»: la reutilización de nombres o la creación de startups políticas con apariencia de tradición.
Pero la falta de transparencia no termina ahí. Al cruzar datos fiscales, se descubre que el domicilio registrado por Demoscopia Digital es compartido con al menos cuatro razones sociales distintas, entre ellas una denominada “contralor.mx”. Este entramado corporativo levanta banderas rojas sobre la opacidad con la que opera la firma. ¿A quién sirve realmente Demoscopia Digital? ¿Es una empresa dedicada a la investigación científica o una operadora política que vende datos según la necesidad del cliente?
El perfil de su propietario, Mario Alfredo Garza Ordaz, profundiza aún más la preocupación. En su biografía, Garza Ordaz presume una lista de títulos académicos que, al ser verificados en el Registro Nacional de Profesiones (RNP) de la Dirección General de Profesiones (SEP), sencillamente no aparecen. La única cédula profesional localizable corresponde a una licenciatura expedida por la Universidad EDEC, una institución cuya reputación académica ha sido cuestionada en múltiples foros por su falta de rigor y escaso reconocimiento en los círculos universitarios serios.
Pero el dato que debería encender todas las alarmas en un gobierno que dice ser parte de la «Cuarta Transformación» es otro: en 2023 la Plataforma Nacional de Transparencia identificó a Mario Alfredo Garza Ordaz como militante activo del Partido Revolucionario Institucional (PRI). La pregunta es directa: ¿Es ético o siquiera confiable que un gobierno municipal, que dice representar a Morena y los principios de la 4T, contrate encuestas con un priista activo? ¿No es acaso este un conflicto de interés monumental que pone en duda la supuesta lealtad del edil a su movimiento?
Rubrum: La derecha disfrazada de datos
El segundo pilar de la realidad alterada de Serrano es Rubrum. Información que da poder. Esta empresa, creada en 2021, es otro ejemplo de cómo la simulación se ha vuelto moneda corriente en las finanzas municipales.
Al investigar la filiación de sus directivos, nos encontramos con Luis Antonio García Lozano, alias «Chabeto», quien además de ser el rostro de Rubrum, fue diputado local por el Partido Acción Nacional (PAN) en Nuevo León. García Lozano no es un simple inversor; su historial incluye una participación activa en el comité directivo municipal del PAN en Monterrey.
Nuevamente, la contradicción es flagrante. Una administración que se ufana de ser parte de la «transformación» está contratando y dando validez a empresas cuyos titulares son militantes de los partidos que el presidente López Obrador y la presidenta Sheinbaum han señalado como representantes del conservadurismo y la corrupción. ¿Acaso Daniel Serrano no tiene responsabilidad ética sobre quién mide su desempeño? ¿O acaso lo que busca es precisamente que sus encuestas tengan el sesgo de quienes odian a la 4T para que los resultados le favorezcan?

VII: Metodologías deficientes y la manipulación de la opinión pública
No se trata solo de las filiaciones políticas de los dueños de estas encuestadoras. El problema de fondo es metodológico y atenta contra el derecho ciudadano a estar informado.
Empresas como Demoscopia Digital han sido ampliamente investigadas por este medio en publicaciones anteriores, donde se ha documentado la precariedad de sus levantamientos demoscópicos. Encuestas con tamaños de muestra insuficientes, con preguntas tendenciosas («cargadas») o levantadas en zonas geográficas estratégicamente seleccionadas para sobreestimar la aprobación son el pan de cada día.
La historia reciente ha demostrado que los ejercicios de Demoscopia Digital rara vez han sido consistentes con los resultados electorales posteriores. Esta inconsistencia alimenta la percepción —fundada— de que sus métricas son susceptibles de manipulación o, en el mejor de los casos, carecen de rigor científico. En otras palabras, son herramientas de propaganda, no instrumentos de análisis.
Serrano ha convertido estas encuestas en su Biblia. En ellas busca refugio para no enfrentar la realidad: que su gobierno ha fracasado en conectar con las bases, que su soberbia lo ha aislado de los actores sociales legítimos y que, al subcontratar su imagen a operadores priistas y panistas, ha perdido cualquier brújula ideológica.
VIII: La Realidad que las Encuestas No Pueden Comprar
El problema de vivir en una realidad paralela es que, eventualmente, la realidad real termina por imponerse. Y la realidad real de Cuautitlán Izcalli es la de una crisis hídrica por la mala gestión en la distribución del agua que no se resuelve, la de una inseguridad que no cede y la de una ciudadanía que se organiza para exigir sus derechos.
La ENSU no miente. Las manifestaciones frente a OPERAGUA no mienten. Las palabras de los vecinos —»votamos por MORENA pensando en un cambio y son iguales a los prianistas»— no mienten. Lo único que miente es el andamio de encuestas pagadas que Serrano ha construido para protegerse de la realidad.
El municipio merece un gobierno que no tenga miedo de escuchar, que no confunda la crítica con el ataque y que entienda que la transformación no se decreta en un comunicado de prensa ni se valida con una encuesta comprada. La transformación se construye todos los días, en la gestión del agua, en la atención a los vecinos, en la rendición de cuentas.
Conclusiones: Serrano, el Síndrome del Gerente y el Precio de la Soberbia
Daniel Serrano llegó a la presidencia municipal cobijado por un movimiento que soñaba con un cambio profundo en Cuautitlán Izcalli. Hoy, ese movimiento se ha convertido en su principal crítico. La razón es simple: gobernar para Serrano no ha sido un ejercicio de servicio público, sino una plataforma para alimentar su propia soberbia.
Su obsesión por las encuestas pagadas —especialmente aquellas realizadas por militantes del PRI y del PAN— no es solo una mala práctica administrativa; es un síntoma de una desconexión profunda con la realidad. En lugar de invertir en infraestructura hídrica, invierte en encuestas que le oculten la magnitud del desastre. En lugar de construir organización popular, prefiere tratar a los manifestantes como enemigos.
La Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana (ENSU) ha colocado a Izcalli en el último lugar de efectividad. Las manifestaciones en OPERAGUA han evidenciado un gobierno que firma minutas y no las cumple. Los vecinos, que votaron por Morena con la esperanza de un cambio, hoy expresan su decepción en las calles.
El contraste con la presidenta Claudia Sheinbaum no podría ser más doloroso. Mientras ella impulsa una transformación basada en la honestidad, la austeridad y la participación ciudadana, Serrano ha optado por el camino más viejo de la política mexicana: la simulación, el autoritarismo y la compra de voluntades.
La pregunta que queda en el aire es si los órganos internos de Morena, así como las instancias de control del Estado de México, seguirán tolerando esta farsa. Porque si algo ha demostrado esta investigación es que el «gerente» de Cuautitlán Izcalli no solo ha fracasado en su gestión, sino que ha traicionado los principios que dice defender.
El pueblo ya dio su veredicto. Y no está en ninguna encuesta pagada. Está en las calles, en las manifestaciones, en las palabras de aquellos que votaron por la transformación y hoy se sienten profundamente decepcionados. La verdad, a diferencia de las encuestas de Demoscopia y Rubrum, no se compra. Y la verdad en Izcalli es que el proyecto de Serrano es un proyecto fallido.
*Este artículo forma parte de una serie de investigaciones sobre el uso discrecional de recursos públicos en la contratación de servicios demoscópicos en el Estado de México. Las publicaciones anteriores, donde se detalla el entramado corporativo de Demoscopia Digital y Rubrum, así como las deficiencias metodológicas en sus levantamientos, pueden ser consultadas en nuestro archivo digital.
**Para esta entrega, se realizaron entrevistas con asistentes a las manifestaciones del Frente Social Amplio Izcalli frente a OPERAGUA, así como revisión documental de minutas incumplidas y cruce de información en el Registro Nacional de Profesiones, la Plataforma Nacional de Transparencia y el Registro Público de la Propiedad y el Comercio.









