LA TRANSFORMACIÓN DE MÉXICO ANTE EL MUNDO

Por Fernando Elías

OPORTUNIDADES GLOBALES Y EL RETO PENDIENTE DEL MUNICIPIO

El momento mexicano y su proyección internacional

México atraviesa un momento de inflexión histórica. La llamada «Cuarta Transformación» (4T), iniciada en 2018 bajo el liderazgo de Andrés Manuel López Obrador y continuada por la presidenta Claudia Sheinbaum, no es un simple relevo partidista sino un intento de cambio de régimen político —»al separar el poder político del poder económico; acabando con la captura del gobierno por parte de intereses privados y extranjeros»— que aspira a redefinir tanto la vida interna del país como su lugar en el concierto de las naciones.

Desde el municipio de Cuautitlán Izcalli con rigor empírico y distancia crítica, este artículo se propone analizar dos dimensiones interconectadas de ese proceso. Por un lado, el papel que la transformación mexicana juega para el mundo: ¿es México un laboratorio de políticas progresistas, un socio comercial reconfigurado, un actor geopolítico emergente o una potencia media atrapada entre dependencias históricas y aspiraciones globales? Por otro, y quizás más relevante para la consolidación del proyecto, el aspecto que debe cuidar en el ámbito municipal: porque ninguna transformación nacional se consolida sin anclaje territorial, sin participación popular efectiva y sin la construcción de capacidades institucionales en el nivel de gobierno más cercano a la ciudadanía.

Partimos de dos tesis para el análisis.

Primera: la transformación mexicana tiene el potencial de ofrecer al mundo un modelo alternativo de desarrollo —basado en el bienestar, la justicia social y la sustentabilidad— pero su proyección global se ve limitada por la dependencia estructural de Estados Unidos y por la ausencia de una diplomacia económica activa que diversifique sus alianzas.

Segunda: el éxito o fracaso de la transformación se jugará, en buena medida, en los municipios. Sin una auténtica democratización de la gestión local, sin mecanismos robustos de participación ciudadana y sin una planificación del desarrollo que emane de las comunidades, la 4T corre el riesgo de convertirse en un proyecto centralista y vertical, tan alejado de las bases como los regímenes que dice haber superado.

México en el escenario global: ¿potencia media o satélite del norte?

El diagnóstico: una potencia media con dependencia estructural

La literatura de relaciones internacionales clasifica a México como una «potencia media». El país tiene una economía de tamaño considerable -actualmente la decimosegunda del mundo por PIB, con la aspiración de alcanzar el décimo lugar-, una población de más de 120 millones de habitantes, una extensión territorial vasta y una ubicación geográfica privilegiada. Como señala un análisis del IPADE, México «tiene la oportunidad de jugar un papel más activo en foros internacionales, como el grupo MIKTA (México, Indonesia, Corea del Sur, Turquía y Australia)».

Sin embargo, la realidad es más compleja. El mismo análisis advierte que México «aún no ha promovido de manera significativa esta alianza, ya que sigue dependiendo en gran medida de su relación con Estados Unidos». Actualmente, el 27% del Producto Interno Bruto (PIB) de México proviene de exportaciones hacia dicho país. Esta dependencia no es meramente cuantitativa; es estructural, histórica y cultural. La integración económica con Estados Unidos, profundizada por el T-MEC, ha convertido a México en un socio comercial privilegiado, pero también en un apéndice de la economía estadounidense.

El Plan México: una respuesta ambiciosa a la incertidumbre

En este contexto de incertidumbre global, agravado por la llegada de Donald Trump a la presidencia de Estados Unidos, la administración Sheinbaum ha presentado el Plan México, definido por el secretario de Economía, Marcelo Ebrard, como una «carta de navegación de México para la nueva era que vamos a enfrentar».

Las metas son ambiciosas: ser la décima economía del mundo, alcanzar una inversión superior al 25% del PIB -y hasta el 30% en 2030-, crear 1,5 millones de empleos especializados, fabricar en México el 50% de lo que consume el país en sectores estratégicos, y posicionarse en el top 5 de los destinos turísticos mundiales. El analista Mario Campa, del ITAM, lo califica como «la política industrial más audaz de las últimas cuatro o cinco décadas en México». Carlos Pérez Ricart, del CIDE, coincide en que es «una buena respuesta ante el clima de incertidumbre que vive el país», aunque advierte que falta por precisar cómo lograrlo.

El Plan México es, sin duda, un ejercicio de planificación estratégica que busca reposicionar al país en la economía global, reducir su vulnerabilidad externa y fortalecer su mercado interno. Pero su implementación enfrenta desafíos mayúsculos: la contracción de la inversión, la desaceleración del consumo y un entorno global volátil. Además, como apunta un análisis de The Tricontinental, «la batalla ideológica ha sido exitosa, pero las transformaciones económicas han avanzado menos».

El dilema geopolítico: ¿Occidente, BRICS o un camino propio?

El escenario global que enfrenta México es el de un mundo en reconfiguración. La cohesión de Occidente es un factor crucial: «Si los países occidentales no logran mantener su unidad, podrían formarse nuevas coaliciones de poder que desafíen la influencia global de Occidente. Este cambio podría derivar en la sustitución del dólar estadounidense como la moneda de reserva mundial o en un reordenamiento de organismos internacionales».

México se encuentra en una encrucijada. Por un lado, es parte del bloque occidental, integrado a Estados Unidos y Canadá por el T-MEC. Por otro, ha mostrado interés en los BRICS -el bloque que agrupa a Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica, y que ha expandido su membresía- aunque, como señala el análisis del IPADE, «en el contexto actual, los BRICS no pueden desafiar de manera efectiva a Occidente, siempre y cuando este último mantenga su unidad».

La estrategia mexicana parece inclinarse por la diversificación sin ruptura: fortalecer su participación en MIKTA, «no con la intención de desplazar a Estados Unidos, sino para diversificar sus relaciones internacionales y evitar concentrar todos sus recursos en una sola opción». Es una apuesta prudente, pero que requiere de una diplomacia activa y de una política exterior que vaya más allá de la retórica.

El laboratorio global: ¿qué ofrece la transformación mexicana al mundo?

Más allá de la economía y la geopolítica, la transformación mexicana tiene una dimensión normativa que la hace relevante para el mundo. El Plan Nacional de Desarrollo (PND) 2025-2030 plantea un modelo de desarrollo con bienestar, justicia social y sustentabilidad. Bajo el principio «Por el bien de todos, primero los pobres», se han creado programas sociales universales para los sectores más vulnerables, que ahora son derechos constitucionales; se han duplicado los salarios; se ha promovido el consumo y se ha fortalecido el mercado interno.

Este modelo, que algunos sectores de la izquierda global han alabado como un ejemplo de progreso social y político, ofrece una alternativa al neoliberalismo que dominó América Latina en las décadas anteriores. En un mundo que busca respuestas a la desigualdad creciente, al cambio climático y a la crisis de la democracia liberal, la experiencia mexicana, con sus luces y sombras, es un caso de estudio relevante.

Sin embargo, México aún no ha logrado articular una narrativa de transformación con alcance global. Su voz en los foros internacionales sigue siendo modesta. Su capacidad de influir en la agenda global es limitada. Y su transformación interna, por más ambiciosa que sea, no se traduce automáticamente en influencia exterior. Para que México juegue un papel global relevante, necesita no solo transformarse, sino también aprender a comunicar su transformación y a construir alianzas que trasciendan su vecindario inmediato.

El eslabón perdido: el municipio como piedra angular de la transformación

El diagnóstico municipal: el nivel olvidado del desarrollo

Si la transformación mexicana aspira a ser profunda y duradera, no puede quedarse en el plano nacional. Debe anclarse en los territorios, en las comunidades, en los municipios. Como señala un documento del Gobierno de México, «el Municipio constituye el ámbito en el que, cotidianamente, los ciudadanos expresan sus necesidades y prefiguran sus proyectos». Es, en palabras de otra publicación oficial, «el espacio en el que la ciudadanía y sus autoridades conviven diariamente, en donde la población exige la satisfacción de sus necesidades».

Sin embargo, la realidad municipal en México dista mucho de ser la de un espacio de participación y desarrollo pleno. La gobernanza municipal en México «es un componente esencial para el fortalecimiento del sistema democrático y el desarrollo sostenible del país», pero enfrenta múltiples desafíos: debilidad institucional, falta de recursos, corrupción, clientelismo y ausencia de mecanismos efectivos de participación ciudadana.

El Censo Nacional de Gobiernos Municipales y Demarcaciones Territoriales de la Ciudad de México 2025, del INEGI, es un esfuerzo por generar información estadística y sistemática sobre esta realidad. Pero la información, por sí sola, no transforma. Lo que se necesita es una voluntad política sostenida para fortalecer el nivel municipal y para convertir a los municipios en los verdaderos motores de la transformación.

La participación ciudadana: del discurso a la práctica

El PND 2025-2030 establece como uno de sus ejes generales la «Gobernanza con justicia y participación ciudadana». A nivel municipal, esto se traduce en la obligación de los ayuntamientos de promover la participación de los ciudadanos en la formulación y ejecución de los Planes Municipales de Desarrollo. Se han creado instancias como los Consejos Municipales de Participación Social, que son «el instrumento que promueve e integra la participación plural y democrática de la sociedad».

Sin embargo, la participación ciudadana en México enfrenta un problema de institucionalización, pues suele quedar en la consulta y rara vez alcanza el poder ejecutivo sobre el territorio. Para romper esa inercia, la participación popular debe ser deliberativa, decisoria y, crucialmente, ejecutiva en obras menores que modifican el entorno inmediato -pavimentación, alumbrado, parques o drenaje-.

Ello exige una reingeniería presupuestal concreta: destinar el 20% del presupuesto municipal de inversión a la participación directa, donde las asambleas vecinales deciden, gestionan y ejecutan físicamente las obras (contratando mano de obra y materiales locales), y otro 50% a la participación indirecta, donde la comunidad delibera y decide el destino de los recursos, aunque la ejecución quede en manos técnicas del ayuntamiento. Este modelo del 70% del presupuesto participativo lograría tres fines: incentiva la participación por la evidencia tangible de resultados, inyecta recursos a la economía local mediante el empleo de proximidad e inhibe la corrupción al someter el gasto al escrutinio vecinal directo.

Hay experiencias de foros de consulta y participación comunitaria que busca incorporar la mayor parte de las necesidades y visiones para resolverlas. Pero estas experiencias, por loables que sean, siguen siendo excepciones en un panorama municipal donde la participación ciudadana suele ser más retórica que real.

La pregunta que debe hacerse el gobierno de la Cuarta Transformación es: ¿cómo pasar de la participación consultiva, donde se escucha pero no se decide, a la participación deliberativa y decisoria, y de ahí a la ejecutiva? La respuesta está en atreverse a distribuir el poder y el presupuesto, no solo en los planes, sino en las reglas de operación de cada fondo municipal.

Los desafíos municipales para consolidar la transformación

Para que la transformación se consolide desde lo municipal, el gobierno mexicano debe atender al menos cinco desafíos interconectados:

Primero, el fortalecimiento institucional de los municipios. La mayoría de los municipios mexicanos carecen de capacidades técnicas, financieras y humanas para planificar y ejecutar políticas de desarrollo. El Instituto Nacional para el Federalismo y el Desarrollo Municipal (INAFED) tiene un papel crucial en este ámbito, pero sus recursos y su alcance son limitados. Se necesita una transferencia efectiva de recursos y capacidades del nivel federal al municipal.

Segundo, la planificación democrática del desarrollo. El PND 2025-2030 enfatiza la importancia de un «Sistema Nacional de Planeación Democrática». Esto implica que los Planes Municipales de Desarrollo no sean meros formularios burocráticos, sino documentos vivos construidos con la participación activa de las comunidades. Los foros de participación ciudadana, las consultas públicas y los presupuestos participativos -estructurados bajo el modelo 20/50 que aquí se propone, para garantizar que la ejecución también sea comunitaria- deben ser la norma, no la excepción.

Tercero, la transparencia y la rendición de cuentas. La participación ciudadana no es efectiva si no va acompañada de información accesible y de mecanismos de control social. Los gobiernos municipales deben rendir cuentas de manera periódica y comprensible a sus ciudadanos. Los consejos consultivos y las audiencias públicas son herramientas que deben fortalecerse.

Cuarto, la articulación entre niveles de gobierno. La transformación no puede ser un proyecto federal que se impone desde arriba. Necesita una articulación efectiva entre el gobierno federal, los gobiernos estatales y los municipios. Esto implica no solo coordinación, sino también respeto a la autonomía municipal y corresponsabilidad en el desarrollo.

Quinto, la construcción de ciudadanía. La participación popular no se decreta; se construye. Se necesita una política de formación ciudadana que empodere a las comunidades, que les dé herramientas para participar y que fomente una cultura de corresponsabilidad. Como señalan diversos análisis, «la participación ciudadana es un mecanismo social que promueve una democracia participativa a través de la integración de la comunidad».

La participación popular como eje transversal

El PND 2025-2030 establece ejes transversales como la igualdad sustantiva y los derechos de las mujeres, la innovación pública, y los derechos de las comunidades indígenas y afromexicanas. Estos ejes deben traducirse en acciones concretas a nivel municipal. No basta con declarar principios; se necesitan políticas, programas y presupuestos que los hagan realidad.

La participación popular no es un añadido cosmético; es el eje que articula toda la transformación. Sin participación, la transformación es un proyecto de élite. Con participación, es un proyecto de pueblo. La diferencia entre una y otra es la diferencia entre una transformación que perdura y una que se desvanece.

La doble apuesta de la transformación mexicana

México se juega su futuro en dos tableros simultáneamente. En el tablero global, el país tiene la oportunidad de reposicionarse como una potencia media con una agenda propia, diversificando sus alianzas y ofreciendo al mundo un modelo alternativo de desarrollo. Pero para que esa oportunidad se concrete, necesita superar su dependencia estructural de Estados Unidos, construir una política exterior activa y comunicar su transformación con voz propia.

En el tablero municipal, el desafío es aún más profundo. La transformación no se consolidará si no ancla en los territorios, si no empodera a las comunidades, si no institucionaliza la participación ciudadana y si no construye capacidades institucionales en el nivel de gobierno más cercano a la gente.

La Cuarta Transformación ha logrado avances significativos en el plano discursivo y en algunas políticas públicas. Pero el verdadero examen de su profundidad y su perdurabilidad se juega en la capacidad de democratizar la gestión local, de transferir poder a las comunidades y de construir un desarrollo que emane de abajo hacia arriba.

Desde la perspectiva del Colectivo Conciencia y Transformación, el caso mexicano es un laboratorio fascinante de transformación estatal en el siglo XXI. Sus aciertos y sus fracasos serán objeto de estudio durante décadas.

Pero para que la historia juzgue a la 4T como una transformación genuina y no como un paréntesis ilusorio, el gobierno mexicano debe poner el municipio y la participación popular en el centro de su agenda.

Porque, como bien lo expresó la presidenta Sheinbaum, «hay quienes aún no han entendido que México ya cambió». Pero el cambio solo será real y duradero si llega a cada rincón del país, a cada municipio, a cada comunidad.

 

Bibliografía consultada:

– Gobierno de México. Plan Nacional de Desarrollo 2025-2030.

– IPADE. México y el mundo: cambios estructurales y su impacto.

– BBC Mundo. Plan México: cómo es el ambicioso proyecto de Claudia Sheinbaum.

– France 24. Morena y la transformación del mapa político de México.

– Tricontinental. México y su Cuarta Transformación.

– INAFED. Guía para el Buen Gobierno Municipal.