Por Fernando Elías
En medio de un contexto social donde las desigualdades siguen marcando la vida cotidiana de miles de niñas y niños, una jornada comunitaria busca recuperar lo esencial: el derecho a la alegría, al juego y a la convivencia.
Vecinas, madres de familia y organizaciones sociales convocan a celebrar el Día del Niño en la zona de Infonavit Norte, en el espacio conocido como El Gallinero.
La imagen que acompaña esta convocatoria muestra una escena que se repite en muchos barrios populares del país: niñas y niños reunidos alrededor de juegos, globos y dulces, mientras mujeres —en su mayoría— sostienen los organizadores del evento.
No es un detalle menor. En estos espacios, el tejido comunitario se construye desde abajo, con el trabajo muchas veces invisibilizado de quienes cuidan, educan y organizan.
El evento, programado para el sábado 25 de abril de 10:00 a 12:00 horas, no solo busca ofrecer un momento de esparcimiento, sino también reivindicar el valor de la infancia en contextos donde el acceso a derechos básicos sigue siendo desigual.
“Tu sonrisa transforma el mundo”, se lee en la convocatoria, una consigna que, más allá de lo simbólico, interpela a una sociedad que frecuentemente relega a sus infancias.
Detrás de esta actividad están colectivos y organizaciones locales como el Frente Social Amplio Izcalli, Sabecom, Sabela Empresarial y la Asociación Nacional de Locutores Delegación Estado de México, acompañados por pequeñas y medianas empresas del municipio.
Su participación refleja una apuesta por la acción comunitaria frente a la insuficiencia de políticas públicas integrales para la niñez.
En un país donde millones de niñas y niños viven en condiciones de pobreza, según datos oficiales, este tipo de iniciativas adquiere un significado político. No se trata únicamente de celebrar, sino de recordar que el acceso al juego, a la cultura y a espacios seguros no debería depender de la buena voluntad de la comunidad, sino ser garantizado por el Estado.
Sin embargo, mientras esa deuda estructural persista, son estos esfuerzos colectivos los que sostienen la dignidad cotidiana. En cada globo inflado, en cada bolsa de dulces repartida, se expresa una forma de resistencia: la de una comunidad que se niega a que la infancia sea sinónimo de carencia.
Porque, al final, defender la alegría también es una forma de justicia social.









