Por Fernando Elías
Desde una perspectiva progresista, de izquierda democrática y comprometida con la transformación profunda de la vida pública, resulta indispensable abrir un debate serio sobre la gestión municipal y la eventual pretensión de reelección del actual presidente municipal, Daniel Serrano.
I. La descalificación simplista y el falso dilema ideológico
En recientes intervenciones en redes sociales, el alcalde ha insinuado que toda crítica a su administración proviene de la derecha. Esta afirmación no solo es intelectualmente pobre, sino políticamente peligrosa. Equiparar crítica con conservadurismo es una estrategia clásica de blindaje discursivo: descalificar antes que argumentar.
Quienes hemos luchado durante décadas contra los gobiernos neoliberales del PRI y del PAN en el país no podemos aceptar que se nos encajone en la derecha por exigir congruencia, eficacia y compromiso popular. La crítica desde la izquierda no solo es legítima: es necesaria para evitar la degradación del proyecto transformador.
II. Un gobierno municipal con lógica gerencial, no transformadora
La administración encabezada por Serrano se comporta más como una gerencia tecnocrática que como un gobierno popular. El municipio no requiere un gerente obsesionado con la recaudación, sino un liderazgo político con horizonte social.

La gestión ha mostrado:
- Débil construcción institucional sin orientación a la participación ciudadana.
- Ausencia de organización comunitaria como eje de acción pública.
- Visión burocrática y vertical del ejercicio del poder.
- Compromisos personales por encima de compromisos programáticos.
Cuando el proyecto político se reduce a administrar recursos sin transformar relaciones de poder, el resultado es una administración funcional al mismo modelo neoliberal que históricamente ha precarizado al municipio.
III. La reelección como riesgo político
Debe preocupar seriamente la posibilidad de reelección. No por cálculo electoral, sino por coherencia histórica.
Paradójicamente, para la oposición conservadora un perfil con desgaste ciudadano y cuestionamientos administrativos podría resultar funcional en 2027. Un gobierno local débil, desconectado de su base social y atrapado en la autocomplacencia, no fortalece la transformación: la entorpece.
La derecha guarda silencio no por coincidencia ideológica abierta, sino porque una administración ineficiente erosiona la credibilidad del proyecto transformador desde dentro.
IV. La realidad frente al autoengaño
El principal problema de esta administración no es solo su orientación tecnocrática, sino su desconexión con la realidad social del municipio. Rodeado de operadores políticos temerosos de perder su posición, el gerente municipal recibe de ellos diagnósticos complacientes.
Sin embargo, la percepción ciudadana captada por instrumentos como la ENSU muestra niveles preocupantes de insatisfacción gubernamental y percepción de inseguridad en el municipio, lo que obliga a una autocrítica seria y no a campañas de autopromoción.
Gobernar no solo es producir contenido digital: es resolver problemas públicos complejos con participación social y capacidad administrativa.

V. Un equipo sin horizonte transformador
El equipo municipal evidencia problemas estructurales:
- Funcionarios medios formados en la cultura administrativa neoliberal.
- Cuadros sin comprensión del papel histórico del municipio en la transformación nacional.
- Lealtades personales por encima de principios colectivos.
- Ausencia de pedagogía política hacia la ciudadanía.
Un proyecto de izquierda no puede sostenerse sobre la lógica del “señor feudal” ni sobre redes clientelares internas. La transformación exige cuadros formados, ética pública, organización popular y planeación estratégica con sentido social.
VI. La degradación del debate público local
La proliferación anticipada de aspirantes, la disputa por posiciones en nómina y la inserción de actores que recurren a propaganda estridente —incluyendo su participación en plataformas como Atypical TV— refleja la precarización del debate político en el municipio.

La política convertida en espectáculo vulgar sustituye la discusión programática. Y eso no fortalece ni a la izquierda ni a la derecha y por supuesto degrada la democracia local.
VII. Conclusión: crítica para preservar la transformación
La preocupación no nace del oportunismo electoral, sino del compromiso histórico con un proyecto de transformación auténtica. La reelección de una administración percibida como ineficiente, tecnocrática y desconectada del pueblo no fortalecería el proceso transformador en Cuautitlán Izcalli; por el contrario, lo pondría en riesgo.
La izquierda no puede permitir que la bandera del cambio sea administrada con lógica neoliberal pintada de guinda. La transformación no es marketing político ni administración contable: es construcción de poder popular, ética pública y justicia territorial.
Criticar desde la izquierda no es traicionar el movimiento. Traicionarlo sería guardar silencio.









