Por Fernando Elías
Compañeras, compañeros… ¡Perdonen el silencio!
Sí, lo decimos con todas sus letras: este tiempo fue necesario.
No fue ausencia, fue reflexión.
El Colectivo Conciencia y Transformación se tomó un respiro,
porque a veces —para hablar con verdad— hay que hacer silencio primero.
Y qué silencio tan necesario, porque mientras tanto,
la agenda nacional y municipal siguió moviéndose,
y vaya que dejó mucho que decir…
Así que hoy venimos recargados, con varios temas que nos atraviesan,
desde Cuautitlán Izcalli hasta el tablero internacional.
Vamos directo al punto.
Resulta que en Cuautitlán Izcalli,
tenemos a un presidente municipal que, más que gobernar,
parece gerente de empresa quebrada.
Y lo peor: necesita llevar porra pagada para llenar un cabildo abierto.
Sí, trabajadoras y trabajadores de confianza aplaudiendo por obligación.
Y todavía más triste:
los que hablaron en nombre de la “comunidad”,
leyeron discursos escritos con la misma mano.
¿Dónde quedó la participación real, la crítica, la autocrítica,
la posibilidad de construir desde abajo una verdadera transformación?
En vez de aprovechar el espacio para transformar la administración pública,
se apuesta al espectáculo.
Y el resultado está ahí:
la ENSU coloca a Cuautitlán Izcalli como el peor gobierno del país.
Un triste récord que no se resuelve con porras ni con discursos reciclados.
En el Estado de México, el panorama no mejora mucho.
Aumentan el transporte público sin garantizar condiciones mínimas:
ni calidad, ni seguridad, ni eficiencia.
Una decisión que golpea directamente el bolsillo del pueblo trabajador.
Y sí, le ayudan las políticas federales, sobre todo en el oriente del estado,
pero la lógica sigue siendo la misma:
beneficiar a los concesionarios, no a la gente.
¿Hasta cuándo los usuarios van a ser rehenes del transporte?
Y hablando de tragedias,
el asesinato del presidente municipal Carlos Manzo
revela el clima de tensión que se vive en algunos municipios.
Pero lo más repugnante es el uso carroñero que hace la oposición.
No tienen propuestas, no tienen proyecto de nación,
y por eso lo reducen todo a la denuncia vacía,
a la mentira sin pudor,
con tal de rascar un poco de atención rumbo al 2027.
No proponen país, proponen escándalo.

Y si miramos hacia afuera, el panorama no es distinto.
La política injerencista de Donald Trump se ha vuelto patrón de exportación.
Ecuador, Argentina… ahí están los ejemplos.
Su influencia fue decisiva para que la ultraderecha ganara.
Y ahora apunta a Colombia, a Venezuela,
y —aunque más veladamente— también a México.
No con golpes directos, sino alimentando a una derecha
que no puede construir una agenda propia.
Una derecha que vive del reflejo y del resentimiento.
Miren lo que pasa en redes:
la crítica a la estrategia de seguridad del gobierno
ya no es política, es machista.
“Le faltan huevos”, dicen.
Una expresión que esconde misoginia y desprecio,
como si el valor tuviera género.
Han normalizado la falta de respeto a la presidenta solo por ser mujer.
Y lo hacen desde columnas, noticieros, programas de opinión.
Comentócratas que confunden análisis con ataque,
y crítica con misoginia disfrazada de valentía.
Y claro, todo eso se mezcla con la política del miedo.
La derecha necesita que el pueblo crea que vivimos en el caos,
que hay ingobernabilidad, que todo está perdido.
Pero su arma —la mentira— tiene filo doble.
Porque cuando la verdad se impone,
el odio que sembraron se les revierte.
Y ahí está el peligro… pero también la esperanza.
Entonces, ¿qué hacer?
¿Cómo defender el progresismo ante esta ofensiva de derecha?
Primero: ante la mentira, la verdad.
Pero una verdad sustentada en hechos, en datos, en comunidad.
Segundo: frente a la parsimonia de muchos gobiernos locales,
hay que seguir exigiendo presupuestos participativos,
que los recursos públicos sean decididos y operados por el pueblo.
Y tercero, a nivel nacional:
si queremos combatir al narcotráfico y al crimen organizado,
hay que ir por el dinero.
Proponer una reforma fiscal integral
que castigue el uso de dinero ilícito en la economía formal,
porque mientras el dinero sucio se lave con traje y corbata,
seguiremos luchando contra sombras.
Así que sí, compañeras y compañeros,
valió la pena el silencio.
Hoy volvemos con voz clara,
con conciencia y con transformación.
Porque no hay cuarta transformación sin pueblo,
y no hay pueblo sin verdad.
Colectivo Conciencia y Transformación.









