LA ORFANDAD Y LA MENTIRA DE LA DERECHA EN MÉXICO

Por Fernando Elías

Sin propuesta y en orfandad la derecha mexicana apuesta a la estridencia, a la mentira y al odio como estrategia para mantenerse vigente y tratar de sobrevivir a la debacle que significa el fin de la era neoliberal en México y el mundo.

En aras de resolver lo urgente de su supervivencia pierden de vista lo importante, construir una alternativa de nación con propuestas que los haga participes de la transformación de México y el mundo.

Ante la crisis histórica de la hegemonía neoliberal —una reconfiguración del bloque social y de sus políticas— sectores de la derecha política mexicana recurren a la estridencia, la mentira y la producción del odio como instrumentos superestructurales para proteger intereses materiales y simbólicos en retroceso. Esa táctica es funcional en el corto plazo para mantener visibilidad y movilizar fragmentos de base social, pero reproduce las contradicciones fundamentales: erosiona la confianza social, agudiza la polarización y profundiza la incapacidad de formular respuestas estructurales viables. La salida exige transformar la base material (relaciones de producción, modelos económicos locales y capacidad estatal) y el correspondiente proyecto ideológico: producir una alternativa programática y organizativa que supere tanto la nostalgia neoliberal como la política reactiva de la estridencia.

De acuerdo al materialismo dialéctico:

  • Base económica (modo de producción y relaciones sociales): las transformaciones productivas, la dependencia exportadora, la precarización laboral y la concentración de capital.
  • Superestructura: instituciones políticas, cultura política, medios y discursos ideológicos (ideología, moral política, religiosidad cívica).
  • Contradicciones: entre la necesidad de reproducción ampliada del capital (o su fracción nacional/compradora) y la legitimidad social frente a demandas por redistribución y seguridad; entre actores periféricos (regiones, sectores populares) y el centro metropolitano; entre el proyecto neoliberal (como hegemonía) y el descontento social.
  • Dinámica dialéctica: la crisis de hegemonía genera respuestas conservadoras defensivas (reacción ideológica, apelación a identidad y miedo) que, a su vez, intensifican la crisis de legitimidad del conjunto del sistema político.

Diagnóstico histórico-material aplicado a México

En la última década el discurso oficial y la praxis de ciertos actores estatales han cuestionado —o al menos intentado modular— aspectos del arsenal neoliberal (privatizaciones, apertura irrestricta, primacía del mercado). Ese proceso no es un “fin” uniforme del neoliberalismo, pero sí una reconfiguración que debilita las viejas certezas de las élites pro-mercado y obliga a sectores afines a buscar nuevas formas de reproducción política. En ese contexto, la estridencia y la mentira actúan como recursos de emergencia para conservar parcelas de poder simbólico y económico.

¿Por qué la estridencia y la mentira son estrategias usadas por la derecha?

Porque:

  • Cuando la base (estructura económica, coaliciones sociales) se redefine y las mediaciones tradicionales (partidos, prensa hegemónica) pierden monopolio legitimador, los actores buscan compensar déficits materiales e ideológicos mediante tácticas del campo simbólico.
  • La estridencia y la mentira operan como formas de intervención en la superestructura: producen identidades (ellos/nosotros), aceleran la reproducción de circuitos afectivos y aseguran la cohesión de fragmentos sociales que pierden en el terreno económico, los corruptos se juntan.
  • Esa táctica, sin embargo, intensifica contradicciones (pérdida de confianza, polarización, debilitamiento institucional) que, a la postre, pueden redundar en la exclusión política o el desgaste permanente. Estudios comparativos muestran además que la difusión de desinformación está asociada con corrientes populistas de derecha en distintos contextos, lo que explica su recurrencia como dispositivo estratégico.

Consecuencias (contradicción inmediata → efectos sociales)

  1. Efecto inmediato (táctico): visibilidad, movilización de núcleos duros, generación de conflicto mediático.
  2. Efecto re-constitutivo (mediato): pérdida de credibilidad entre sectores moderados; degradación del debate público; proliferación de espacios mediáticos alternativos (ecosistemas de fake media).
  3. Efecto estructural (largo plazo): crisis de legitimidad y debilitamiento institucional que puede abrir vías tanto para reformas democráticas como para respuestas autoritarias si no se reconstruye un bloque histórico alternativo capaz de resolver las contradicciones materiales.

Desde la crítica a la propuesta

El análisis comprometido en la construcción de la transformación nos pide no limitar la acción a la condena moral del ruido mediático, sino transformar la base material que engendra la necesidad política de la estridencia. Eso implica combinar dos líneas:

  • a) política y cultural (recuperar la capacidad de disputar la hegemonía ideológica con propuestas verosímiles), y
  • b) estructural-económica (construir proyectos materiales que mejoren las condiciones de vida en lo inmediato: empleo digno, economía local, servicios).

La alternativa consistirá en generar bloques de poder social y programático capaces de ofrecer soluciones concretas —en particular, mediante modelos descentralizados y autosostenibles que devuelvan la iniciativa material a territorios y sujetos sociales— reduciendo al mismo tiempo el sustrato social donde prosperan la estridencia y la mentira.

Estrategia (no dirigida a persuadir a un grupo, sino para proteger la esfera pública y construir alternativas materiales)

Desde el movimiento social proponemos una estrategia integral, estructurada en ejes, que combina medidas institucionales, educativas, tecnológicas y económicas. Todas están orientadas a reducir la eficacia de la desinformación y la estridencia y a reconfigurar la base social mediante economías locales robustas y democráticas.

Eje A: Fortalecimiento institucional y regulatorio (esfera pública)

  1. Transparencia y responsabilidad informativa: promover marcos legales que obliguen a las plataformas y a actores con alto alcance a etiquetar fuentes y a transparentar financiadores de contenido político; fortalecer sanciones por manipulación sistemática y por campañas organizadas de desinformación (siempre garantizando garantías procesales y libertad de expresión), ya existen experiencias de regulación europea y recomendaciones institucionales.
  2. Apoyo a verificadores independientes: recursos públicos y colaboraciones con organizaciones como redes de fact-checking para asegurar capacidad de verificación rápida en periodos críticos; integración operativa con autoridades electorales y medios nacionales y locales. Como ejemplos podemos mencionar las iniciativas internacionales que muestran valor operativo en procesos electorales.

 

Eje B: Educación mediática y resiliencia ciudadana

  1. Alfabetización mediática en todos los niveles: programas de AMI (Alfabetización Mediática e Informacional) integrados al currículo escolar, formación de docentes y cursos públicos masivos para adultos; colaboración con UNESCO y programas locales. Esto reduce la capacidad de que la desinformación se enraíce.
  2. Campañas de empoderamiento comunitario: talleres en radios comunitarias, centros culturales y sindicatos para enseñar criterios de verificación y promover debate público informado. Investigaciones muestran que la combinación de fact-checking y alfabetización mediática tiene efectos robustos.

Eje C: Arquitectura técnica y plataformas

  1. Etiquetado y advertencias: promover acuerdos con plataformas para etiquetas de advertencia —la evidencia (experimentos y estudios) muestra que las etiquetas de verificación y advertencia reducen la propagación y la creencia en falsedades.
  2. Apoyo a medios y plataformas locales: financiar y facilitar infraestructura para medios comunitarios, radios y plataformas locales verificadas que ofrezcan información contextualizada y que compitan con los mecanismos de fake media. (esto fragmenta la hegemonía mediática central y fortalece alternativas verosímiles).

Eje D: Economía material: descentralización y autosostenibilidad (transformar la base)

Aquí aplicamos la dialéctica base/superestructura: si cambia la base económica, cambian las condiciones de reproducción ideológica. Propuestas concretas:

  1. Impulso a la economía social y cooperativa: planes públicos y créditos blandos para cooperativas, fondos de inversión social y compra pública preferente para empresas de la economía social. En México existen experiencias y estudios que muestran beneficios sociales y de cohesión local.
  2. Proyectos de microrredes y energía comunitaria: financiamiento para microrredes renovables comunitarias y esquemas de propiedad comunitaria de infraestructura energética, que aumentan resiliencia y autonomía territorial (casos de microrredes en comunidades mexicanas).
  3. Políticas de encadenamientos productivos y PYMES locales: política industrial territorializada que apoye a PYMES y cadenas de valor locales, conectando la demanda pública con producción regional y generando empleos de calidad.
  4. Presupuestos participativos y cogestión local: transferencias públicas a municipios con condiciones de co-gestión por comunidades, pueblos, organizaciones sociales, sindicatos, para producir resultados tangibles que reduzcan la percepción de abandono —la evidencia comparativa sugiere que políticas “de lugar” reducen la gravedad de protestas y el atractivo del discurso reaccionario.

Eje E: Cultura política y construcción de hegemonía democrática

  1. Proyectos pedagógicos de memoria y deliberación: espacios públicos para deliberación ciudadana (audiencias públicas, mesas temáticas) que produzcan legislación basada en evidencia y legitimen decisiones.
  2. Demostrar con hechos: usar gobiernos locales como “laboratorios” para pilotos visibles (cooperativas energéticas, proyectos de empleo, obras públicas gestionadas y administradas por la comunidad) cuyos resultados sean comunicados con métricas transparentes; la demostración práctica es más resistente a la estridencia que la refutación teórica.
  3. Redes de alianzas amplias: construcción de bloques sociales que unan sindicatos, universidades, PYMES y organizaciones sociales alrededor de proyectos tangibles —es decir, un “bloque histórico” democrático y plural que pueda disputar la hegemonía. Esto es explícitamente una salida dialéctica: transformar la correlación de fuerzas materiales para permitir cambios ideológicos duraderos.

Mecanismos de evaluación y criterios de éxito (medición objetiva)

  • Indicadores de integridad informativa: número y velocidad de correcciones/fact-checks efectivos; reducción de difusión de piezas marcadas como falsas. (medible a través de monitoreo en redes y colaboración con verificadores).
  • Indicadores socioeconómicos locales: empleos creados por economía social, número de microrredes en operación, reducción de vulnerabilidad energética en zonas piloto.
  • Indicadores de confianza y deliberación: encuestas sobre confianza en medios y en instituciones locales; participación en presupuestos participativos; calidad del debate público evaluada por indicadores cualitativos.

A manera de conclusión: síntesis final

La realidad imperante nos obliga a ver la estridencia, la mentira y el odio no como fallos individuales meramente morales, sino como respuestas estructurales a una crisis más profunda del bloque social que sustentó al neoliberalismo.

Combatir eficazmente esos fenómenos sin reproducir autoritarismos exige dos movimientos simultáneos e interdependientes:

(1) reconstruir la base material mediante proyectos descentralizados y autosostenibles que devuelvan capacidad económica y autonomía a comunidades y regiones; y

(2) fortalecer la superestructura democrática (medios, educación, instituciones) para que la esfera pública recupere integridad informativa y deliberativa.

Solo la transformación conjunta de base y superestructura permite desactivar la lógica perversa de la estridencia y abrir condiciones para hegemonías democráticas más inclusivas y racionales.