Por Fernando Elías
A quien escuche, a quien le importe, a quien luche.
Esta Carta va dirigida para aquellos que se creen dueños del aplauso y para los que se confunden con todo.
De parte de la recién instaurada Comisión de las Molestias Públicas y del Cuartel General del Sentido Común del Colectivo Conciencia y Transformación desde el rincón de algún tianguis municipal, donde la gente piensa, sueña y se organiza.
A los hombres, mujeres, jóvenes, niñas, niños, abuelas y abuelos que hacen de Cuautitlán Izcalli algo más que un nombre en un mapa o un lugar en la economía del Estado de México.
Reciban el saludo de las mujeres y hombres que defiende los anhelos del pueblo y nuestro silencio a quienes los venden.
En nuestra tierra, donde las calles tienen memoria y el viento aún trae el murmullo de los que soñaron un municipio distinto, se levanta hoy la necesidad de hablar claro. Porque el silencio, cuando se convierte en costumbre, acaba siendo complicidad.
No se trata de un capricho ni de una moda: la crítica es un derecho, sí, pero sobre todo es un deber.
Dicen que por criticar al gerente municipal —ese que ahora juega a disfrazarse de alcalde— le estamos “haciendo el caldo gordo” al PAN o al PRI. Que, porque señalamos lo que no hace, estamos ayudando a que otros se sienten en su silla.
¡Ah, pobrecitos! Vaya fantasía.
Qué duro debe ser vivir con esa confusión mental donde la política es un tablero de ajedrez… pero ellos solo juegan damas chinas.
Como si el pueblo fuera un peón en su tablero electoral y nuestra palabra solo sirviera para empujar sus fichas.
Como si la dignidad tuviera dueño partidista.

Hoy les escribimos porque en la plaza pública de las opiniones, en algunas sobremesas y en las redes sociales donde la mentira suele caminar con zapatos nuevos, anda circulando la idea —curiosa, por no decir cínica— de que por ejercer la crítica al actual gerente municipal, hoy disfrazado de alcalde, le estamos haciendo el favor al PAN o al PRI.
Miren, aquí se los explicamos despacito, para que no se nos mareen: para nosotros la crítica no es un arma electoral; es un espejo.
Y lo que ese espejo refleja hoy, es un gobierno municipal que ha dejado archivada la posibilidad de construir un Programa de Gobierno Popular para nuestro municipio, como si la esperanza fuera un folleto viejo, cuando en realidad ese es el supremo mandato del pueblo.
Esa es la realidad, compañeros y compañeras, y es mucho más sencilla y mucho más profunda: criticamos porque es nuestro derecho, y sobre todo porque es nuestra obligación.
Criticamos porque el actual gobierno municipal ha renunciado a cumplir el mandato que no salió de las oficinas de marketing político, sino de la voluntad popular: Construir el 4 piso de la Transformación en Cuautitlán Izcalli y ese 4º piso se construye con un Programa de Gobierno Popular. Un programa que ponga al centro la comunidad, el bienestar colectivo y el ejercicio comunitario de los recursos públicos.

Un programa que hoy ha sido sustituido por otro que escribió un consultor de corbata y PowerPoint desde Atizapán, en lugar de las comunidades de Cuautitlán Izcalli que saben lo que necesitan: agua, seguridad, espacios dignos, manejo transparente de los recursos.
Un programa que no puede ser un capricho. Que debe ser una construcción colectiva surgida desde las asambleas, con la voz de los pueblos, colonias, barrios, comunidades, comerciantes, estudiantes, trabajadores. Que sea redactada con el pulso de la necesidad y con el corazón de la esperanza. Porque no se trata de hacer promesas, sino de establecer compromisos.
Y como la derecha neoliberal cree que todo es competencia de marcas y que, si le quitas puntos a la suya, automáticamente suben los de la otra. No entienden —o no quieren entender— que aquí estamos hablando de otra cosa. Aquí no se trata de subir o bajar en encuestas; se trata de construir un gobierno que sirva al pueblo y no a sí mismo, porque el pueblo está construyendo un proyecto que no cabe en sus partidos ni en sus encuestas.
Y no, que no se hagan ilusiones. Nuestra crítica no es para ponerles la mesa a los trasnochados prianistas. Nuestra crítica es para recordarle a quien gobierna que ese puesto no es un trono, sino una responsabilidad.
Porque no queremos vivir “mejor que los demás” como sueñan los publicistas de la desigualdad. Queremos que todos vivan bien. Queremos que la dignidad no sea privilegio sino costumbre. Queremos que el presupuesto municipal no sea una piñata para compadres, sino una herramienta para el bienestar colectivo. Que los servicios públicos no dependan del código postal. Que la seguridad no sea privilegio de fraccionamientos amurallados. Que el agua limpia no sea lujo de unos cuantos.
A los que hoy gobiernan: no se trata de fotos cortando listones, ni de conferencias o entrevistas con aplausos de nómina, tampoco de que el gerente municipal prefiera inaugurar banquetas mal hechas para sus historias de Facebook, anunciar proyectos a medias o presumir gestiones que no transforman la vida de la gente.
Se trata de cumplir la palabra dada: Construir la 4ª Transformación en el municipio.
Así que no se equivoquen: La crítica, cuando nace desde abajo, no es un arma electoral: es una herramienta de transformación. Es como el machete en el campo: no fue hecho para adornar la pared, sino para abrir camino, limpiar la maleza y proteger lo que alimenta.
Quien se sienta ofendido por la crítica, tal vez es porque se ha acostumbrado a un pueblo mudo. Pero aquí, en Cuautitlán Izcalli, todavía hay quien recuerda que callar es permitir, y que permitir es ceder.

Por eso hablamos.
Por eso señalamos.
Por eso decimos, con todas sus letras: este gobierno municipal está incumpliendo, y no lo vamos a aplaudir y mucho menos permitir.
Y a quienes desde la derecha o desde cualquier otro rincón nauseabundo, crean que nuestra crítica les pertenece, les advertimos: el pueblo no es su agencia de publicidad. Nuestra voz no está en renta, ni en venta, ni en comodato. Nuestra voz es nuestra y se levanta no para cambiar de amo, sino para que no haya amos.
Así que no hay equivocación posible: la crítica no es traición. La crítica es amor por el lugar que habitamos. Y no habrá discurso de la derecha —ni de ninguna cúpula— que nos robe ese derecho y ese deber.
Desde donde la palabra no se cansa y la dignidad no se negocia, Cuautitlán Izcalli Agosto de 2025.









