TRUMP ARTICULADOR DE LA AGENDA DE LAS DERECHAS EN MÉXICO

Por Fernando Elías

1 A manera de Introducción:

Desde el enfoque materialista dialéctico, las formaciones sociales y los fenómenos políticos no pueden entenderse como hechos aislados, sino como expresiones de contradicciones históricas entre las clases sociales, sus formas de organización política, y las condiciones materiales de producción y reproducción.

La carencia de un proyecto de nación por parte de los partidos conservadores ha abierto un vacío de liderazgo y dirección que ha sido llenado por actores externos, en particular Donald Trump.

A través de su política exterior proteccionista y discurso nacionalista, Trump ha emergido como referente ideológico y estratégico de una oposición mexicana sin autonomía histórica, funcional a los intereses del capital transnacional y subordinada al imperialismo estadounidense.

Por tanto, el debilitamiento de la derecha mexicana y la imposición de un liderazgo externo (Trump) como referente opositor deben explicarse no como fallas individuales o coyunturales, sino como síntomas estructurales de una crisis de hegemonía burguesa en el país.

2. La derecha mexicana: expresión de una burguesía sin proyecto nacional.

2.1 Crisis de representación de clase.

La derecha en México —representada históricamente por el PAN y parte del PRI— ha dejado de articular los intereses de la burguesía nacional como clase dirigente con proyecto de país.

Esto se debe a:

  • La transnacionalización del capital, que rompe con el modelo burgués nacionalista de posguerra (el “desarrollismo” del PRI histórico).
  • La subordinación de las élites mexicanas a capitales financieros y corporativos del norte global (EE. UU., Canadá), lo cual disuelve su capacidad de generar un proyecto soberano de acumulación.
  • La crisis ideológica del neoliberalismo, que ha perdido eficacia simbólica como modelo de consenso social, tras el fracaso social de sus promesas (PRI-PAN).

Los partidos políticos no son entes autónomos, sino expresiones de fracciones de clase que, en condiciones determinadas, logran o no constituirse en bloques históricos capaces de dirigir una nación.

En el caso mexicano, la derecha ha dejado de cumplir esa función. Los partidos tradicionales (PAN, PRI, PRD) y sus derivaciones no sólo han perdido representatividad electoral, sino también capacidad de formular un proyecto propio de nación. Esta carencia se expresa en la ausencia de propuestas estructurales y en la adopción de agendas dictadas desde el exterior. En este vacío, Donald Trump ha emergido como figura de referencia, marcando indirectamente la oposición interna mediante su política exterior.

2.2 La derecha como bloque pasivo.

Usando las categorías de Gramsci, diríamos que la derecha mexicana no es hoy un bloque histórico activo, sino un “bloque pasivo” que reacciona a las fuerzas dominantes (Morena, AMLO, Sheinbaum), pero sin capacidad para movilizar nuevas alianzas sociales, ni un relato nacional con fuerza transformadora.

La derecha mexicana contemporánea funciona como un «bloque pasivo» que reacciona ante la hegemonía de la 4T, sin capacidad de dirección moral ni intelectual. Su discurso se limita a la denuncia de la existencia de un autoritarismo que no tiene mayor sustento; la defensa abstracta de las instituciones que han mostrado su desgaste y corrupción; y la promoción de liderazgos fugaces, sin arraigo popular ni definición doctrinal.

No hay propuesta de nación, ni en términos económicos (reforma fiscal, industria nacional, soberanía energética), ni en términos de Estado (instituciones fuertes, justicia), ni en términos culturales, aunque en este último punto han intentado importar ideólogos españoles o argentinos como Agustín Lage.

En este contexto, la oposición ha sido incapaz de disputar el sentido común de las mayorías. Su vacío programático la ha llevado a adoptar marcos ideológicos ajenos, particularmente los provenientes de Estados Unidos. Así, las clases dominantes mexicanas han perdido su autonomía ideológica, y se alinean con proyectos externos que no responden a las necesidades de la formación social mexicana.

3. Trump como sujeto político emergente en la contradicción México–EE.UU.

3.1 El imperialismo contemporáneo.

En este marco , Trump representa al capital monopólico norteamericano en su fase regresiva y proteccionista, que busca recomponer su tasa de ganancia vía:

  • Repatriación industrial (reshoring).
  • Aranceles y guerras comerciales.
  • Control logístico y energético sobre América Latina.

Su política exterior no solo afecta al gobierno mexicano, sino que reconfigura las correlaciones de fuerza internas, ya que:

Las fracciones más subordinadas de la burguesía mexicana ven en Trump un marco para reorganizar sus propios intereses, ante la falta de un liderazgo ideológico nacional.

El papel emergente de Trump como referente indirecto de la oposición mexicana se explica por la conjunción de dos factores: la ausencia de liderazgo nacional con propuesta estructural y la afinidad ideológica de las fracciones conservadoras mexicanas con el discurso trumpista.

Trump ofrece un marco claro: proteccionismo, nacionalismo económico, seguridad fronteriza, guerra contra el crimen organizado. En ausencia de una agenda propia, la derecha mexicana adopta estas consignas como si fueran propias, a pesar de la evidente contradicción con la soberanía nacional.

Ejemplo de esto son:

  • La adopción del discurso de «terrorismo» para referirse a los cárteles mexicanos.
  • La defensa de reformas laborales y ambientales exigidas desde el TMEC.
  • El uso de la narrativa de «orden» y «familia tradicional» replicada desde el Partido Republicano.

Así, se configura una oposición subordinada, que se legitima no desde su contexto nacional, sino desde el discurso de una potencia extranjera.

3.2 Trump como referente ideológico y táctico de la derecha mexicana.

Frente al vacío programático del PAN-PRI y aliados, Trump aparece como el que define la agenda:

  • Seguridad: al nombrar a los cárteles como “terroristas”, impone el marco desde el que la derecha mexicana reacciona.
  • Comercio: al presionar con el TMEC, intenta forzar un alineamiento de las élites empresariales mexicanas con su discurso sobre “cumplimiento de reglas” y “estado de derecho”.
  • Nacionalismo: su discurso de “orden”, “soberanía” y “civilización occidental” ofrece a la derecha mexicana una narrativa que no ha sabido construir por sí misma.

Así Trump es a la vez antagónico al Estado mexicano y funcional a la derecha local: lo confronta hacia afuera, pero la derecha adopta esa confrontación como oposición interna.

Trump, como figura del capital monopólico estadounidense, no sólo impone condiciones comerciales o militares, sino que también estructura el campo ideológico. Su influencia sobre la oposición mexicana es una forma de colonialismo ideológico, donde el enemigo externo se convierte en guía de la resistencia interna.

4. El vacío estratégico de la derecha y la hegemonía invertida.

4.1 Ausencia de hegemonía nacional.

La historia nos enseña que la hegemonía no es solo coerción, sino consenso activo, dirección moral e intelectual. Hoy la derecha mexicana no dirige ni produce consenso:

  • No tiene intelectuales orgánicos que marquen un horizonte y los que militan actualmente han dejado de tener credibilidad y no generan confianza ante las audiencias.
  • No construye alianzas amplias (ni con clases medias ni populares).
  • Su narrativa es meramente antimorenista y dependiente de “líderes de ocasión o fabricados” (como Xóchitl Gálvez, Vicente Fox o Salinas Pliego-Elektra).

4.2 Dependencia estructural del imperialismo.

La derecha mexicana ha sustituido su debilidad interna con dependencia externa, lo que se manifiesta en que:

  • Sus temas centrales se definen en Washington.
  • Sus propuestas económicas responden a lobbies internacionales.
  • Su discurso de orden y seguridad replica la retórica del “enemigo interno” promovido desde el norte.

Esto implica un trastocamiento del liderazgo opositor nacional : el referente ideológico de la oposición mexicana ya no se produce en México, sino que es generado desde el centro imperial, y es asumido como propio.

Conclusión: una derecha sin clase dirigente, con Trump como su voz prestada.

Desde esta perspectiva la carencia de un proyecto de nación por parte de la derecha mexicana no es un problema técnico ni comunicacional, sino una expresión histórica de la crisis de la burguesía como clase dirigente. Al haber perdido su capacidad de generar hegemonía, ha devenido en un bloque pasivo, incapaz de disputar el rumbo del país.

En ese vacío, Donald Trump ha emergido como referente ideológico y estratégico. Su política exterior se convierte en el marco de acción de una oposición sin autonomía, subordinada al discurso y a los intereses del capital imperialista.

La contradicción es clara: una derecha que se dice patriótica encuentra su sentido político en el discurso de quien amenaza la soberanía nacional. Mientras no surja un proyecto alternativo con raíces en las condiciones materiales del país, la derecha seguirá siendo una oposición sin nación, y Trump, su líder simbólico.

Por esas razones la derecha ha dejado de ser alternativa para el pueblo de México, además:

  1. La derecha mexicana ha dejado de ser una clase dirigente con proyecto nacional, porque su fracción dominante ha sido absorbida por el capital transnacional y no disputa hegemonía internamente.
  2. La falta de proyecto de nación es expresión de una crisis profunda en las condiciones materiales de reproducción de esa clase.
  3. En ese vacío, Trump aparece como un “sujeto histórico externo” que actúa como catalizador de una oposición interna incapaz de articularse por sí sola.
  4. La contradicción es que el discurso imperialista de Trump refuerza una derecha mexicana que no puede autonomizarse, es decir, que se vuelve eco del capital extranjero, no protagonista de un nuevo bloque histórico nacional.

En suma, la oposición mexicana no solo carece de programa, carece de historicidad: no tiene capacidad de proyectarse como clase con futuro. En ese vacío, Trump funge como la figura ideológica y estratégica que les da forma desde fuera —una derecha sin país, con líder extranjero.