Declaración política con perspectiva crítica y transformadora

Por Fernando Elías

Hola compañeros y amigos, ante la aparente confusión que han suscitado las afirmaciones del Colectivo Conciencia y Transformación, el día de hoy les presento la Declaración política con perspectiva crítica y transformadora de nuestro Colectivo.

Para comenzar diremos que Los procesos sociales no se entienden como eventos aislados ni como resultados de la voluntad individual, sino como productos de contradicciones materiales entre clases sociales, estructuras económicas y formas de organización del estado.

La Cuarta Transformación en México ha representado una ruptura parcial con la hegemonía neoliberal, pero se encuentra hoy en una fase crítica. La posibilidad de consolidar un «segundo piso» de la transformación no depende solo de la voluntad política o de los liderazgos carismáticos, sino de la capacidad de los cuadros de gobierno en los municipios, congresos locales y federales para traducir el poder político en estructuras institucionales y programas que democraticen la toma de decisiones. Esta carencia de formación, experiencia y visión en muchos de los cuadros que hoy ocupan cargos es una de las contradicciones internas que amenazan con revertir los avances logrados.

Pero al hacer uso de mi derecho a la crítica, no se equivoquen. Con bases firmes y con claridad histórica, creo y apoyo la Cuarta Transformación. No es una moda ni una estrategia electoral: es una etapa necesaria del desarrollo político de México frente al agotamiento del modelo neoliberal, la simulación democrática y la captura del Estado por intereses particulares.

Sin embargo, estoy convencido de que hoy vivimos una encrucijada histórica. Podemos elegir entre construir una transformación profunda del sistema político, de sus raíces y estructuras, o conformarnos con una simple maquillada institucional, una “alternancia light” que conserve las mismas lógicas de exclusión, verticalismo y burocracia al servicio de minorías. La historia nos está exigiendo definición y coraje.

La Cuarta Transformación aparece como un intento de redistribuir el poder político hacia sectores populares, pero esta contradicción no puede resolverse solo con el cambio de actores, sino con la transformación de las estructuras.

Por eso, creo firmemente que el verdadero cambio debe materializarse en los municipios, que no pueden seguir siendo tratados como oficinas administrativas de obras menores o como botines políticos. La transformación exige municipios con estructuras administrativas orientadas al bien común, con gobiernos que entiendan que gobernar no es administrar lo que hay, sino construir lo que falta y con ello Transformar.

Ganar elecciones no es suficiente y no garantiza transformar la vida pública, muchos actores sin experiencia ni formación ideológica han ocupado cargos públicos sin estar preparados para impulsar un cambio estructural. Esto genera una contradicción entre el discurso transformador y la práctica administrativa, que se vuelve conservadora, burocrática o clientelar.

Estoy convencido de que el mayor aporte de esta etapa histórica no vendrá solo de las cúpulas ni de los grandilocuentes discursos, sino de abrir, de una vez por todas, los espacios de la administración pública municipal para que el pueblo —más que ser consultado— sea incorporado como actor político central en el ejercicio gubernamental.

En el diseño de programas, en la definición de políticas públicas, en la ejecución del gasto y de las obras. Eso es poder popular: no el aplauso pasivo, sino la participación activa en las decisiones.

Por eso, también sostengo con preocupación que personas como los actuales presidentes municipales y sus equipos de trabajo en múltiples municipios del Estado de México están desperdiciando una oportunidad histórica. Una oportunidad para sentar las bases reales de un gobierno del pueblo y para el pueblo. Lo que están haciendo es gobernar con inercias, con improvisación o con ambiciones personales, y eso le abre la puerta al desencanto y a la restauración conservadora.

Y lo que es aún más grave: lo que vemos en muchos casos es a diputadas y diputados, tanto federales como locales, que no se comprometen ni con el pétalo de un comentario, y mucho menos con una crítica estructurada frente a los errores y abusos de los gobiernos municipales de sus respectivas demarcaciones.

Pretenden “nadar de a muertito”, guardar silencio, mirar hacia otro lado para no confrontar al gerente en turno, aunque la población esté siendo ignorada, maltratada o llevada al desastre. Ese silencio es complicidad.

Hay quienes, incluso, son capaces de aliarse con el mismísimo diablo si eso les garantiza imagen, visibilidad, una buena foto o algunos likes en sus redes sociales.

Representan una política vacía, puramente simbólica, sin compromiso con las necesidades reales del pueblo. Buscan el poder por el poder, y eso es exactamente lo que la Cuarta Transformación prometió superar.

Ante esto, por supuesto que no me voy a quedar callado.

Porque la historia nos está exigiendo valor.

Porque no se puede ser leal al pueblo si se es cómplice de quienes lo defraudan.

Porque el momento de decidir entre la transformación o la restauración es ahora.

¡Por el bien de todos es tiempo del pueblo!