INFORME GRIS PARA UN GRIS GERENTE
Por Fernando Elías
Contra todo lo que se podría suponer no hay nuevos fifís en la administración pública municipal, son fifís pretenciosos y con pretensiones, pero sin idea de lo que ellos mismo significan para la transformación, ni de lo que hacen o podrían hacer.
Son fifís que se regodean de estar en la administración pública municipal, fifís con poder disfrazados de popular.
Ahí se mezclan con los cientos de acarreados que se pueden identificar porque no vienen en bola, vienen formados, de dos en dos y con la mirada perdida, saben que van, pero no saben a dónde.
Esos pretenciosos fifís que se las dan de hípsters pero que solo reconocen lo popular los días de fiesta o de conmemoración.
La gente llega o la llegaron, en camiones que fueron por ellos a las diferentes colonias y pueblos, con la promesa de los programas asistenciales, de mejoras en su colonia o de alguna prebenda de la gerencia municipal.
Los “modos” son igualitos a los de las administraciones de derecha, las personas también son las mismas ¿Cómo va a cambiar un gobierno si las personas que accionaban las directrices de los gobiernos de derechas (PRI-PAN) siguen ahí?
Conviven, se soportan, cambian de color de camiseta porque para ellos lo más importante es el dinero, la quincena, el interés personal que siempre estará por encima de cualquier cosa que atente contra ellos, transformación incluida.
Es fácil reconocer a los chapulines burócratas porque en su discurso siempre aducirán que son profesionales y que no están con nadie, que son neutrales. De entre ellos se distinguen y reconocen los directores, coordinadores, y jefes de área porque son los más altivos.
Es triste reconocer que en la izquierda partidaria no hay suficientes cuadros técnicos, confiables y con experiencia en el ámbito gubernamental. Sí, en la izquierda electoral no hay tantos profesionales con conocimiento de la administración pública, pero en el pueblo sí.
Pero, ¿Por qué no los llaman?, seguramente porque no pertenecen a ningún grupo de poder al interior del partido.
Entre la gente también están los convencidos, aquellos que creen firmemente en la transformación impulsada por Andrés Manuel López Obrador pero que no comprenden de diferencias internas o de perfiles políticos. A ellos solo les importa que sean del partido, porque así comprenden la lucha contra lo que han representado los gobiernos del PRI y el PAN.
Las porras de un grupo se hacen presentes para asegurar que el líder se dé cuenta de su presencia o de que al menos alguien de su “equipo” le haga saber que estuvieron ahí.
Y entonces la cronista municipal habla de que el municipio es “más que una ciudad dormitorio”, cuando Cuautitlán Izcalli dejo de serlo hace cuando menos 20 años. Su falta de comprensión y conocimiento histórico del municipio, queda de manifiesto al decir que la sociedad izcallense es “quizás compleja” y que todavía hay “Futuro por hacer”, ¿A qué se parece?
Es de llamar la atención la importancia que ha tenido para el gobierno del estado, la administración del señor Daniel Serrano, en el lanzamiento del programa de despensas la gobernadora no acudió, y hoy se manda a un funcionario de tercer nivel para cumplir con el protocolo de la representación del gobierno estatal.
El frío recibimiento de los asistentes, a los ediles y el gerente municipal es evidente, no se puede ocultar ni con los gritos de la animadora, ni con los intentos de porras que hacen algunos grupos, el ánimo no prende y el frío no ayuda.
Los gritos de ¡presidente! Solo hacen eco en las primeras filas, que obviamente fueron apartadas para los porristas oficiales. Es mucho más claro que la gente no llegó por su convencimiento al evento, muchos ni saben que se cumplían 52 años de la erección del municipio 121 del Estado de México.
En un ridículo faraónico el gerente municipal sigue un mal planeado y peor ejecutado arribo musical con el fondo del Huapango compuesto por Moncayo. A ese ritmo musical pretende arroparse de la gente mientras le gritan – ¡Queremos agua, queremos agua! -.
Por un momento se mira con gran nitidez los dos grupos, al frente del templete la porra institucional gritando ¡presidente!, por el otro, al lado, los que gritan ¡queremos agua, queremos agua!
El himno nacional parece unir a los presentes con entusiasmo alrededor de los símbolos patrios, se hace un silencio al arribo de la Bandera y se canta el Himno Nacional.
Pero no todos comparten el fervor patrio, los hípsters transgresores prefieren el teléfono celular antes que el Himno Nacional y el beso de mejilla al “amigo” antes que el saludo a la Bandera. Ese desprecio constante de los “funcionarios” de la derecha, también se observa hoy en los “funcionarios” actuales.
Es entonces que una intervención habla del “cambio en la forma de hacer política”, solo como demagogia que no encuentra asidero con la realidad y asevera que después de mucho “retomamos el camino”, pero ¿cuándo lo perdimos? ¿O es que acaso se refiere al ideario priista? Para finalizar con un llamado a la unidad que no encuentra destinatario porque la realidad se ha establecido un diálogo sordo frente a la población izcallense.
Por ello resulta aún más patético y triste que la animadora en funciones de maestra de ceremonias suplique que guarden silencio los presentes y que haya respeto a los “ponentes”.
La síndica habla de lo “insignificativo” y hace un buen diagnóstico de la situación que ha vivido el municipio, es evidente que se lo hicieron porque no reflexiona en las evidentes contradicciones en las que incurre con el momento actual y las decisiones del gerente en turno.
-¡No hay espacio para crecer en el municipio!- arenga, pero se olvida que ya hay comprometido un espacio para edificar viviendas para el Programa Nacional de vivienda.
-52 años de descuido en la infraestructura hidráulica es el problema de la escasez de agua en el municipio- pero no hay recursos destinados para iniciar un proceso de renovación de la infraestructura hidráulica, de rediseño de la dotación del servicio, ni de la revisión de contratos y concesiones para el aprovechamiento del agua en el municipio.
El representante del gobierno estatal cae en la retahíla del funcionario público cumplidor, no va más allá pero define muy bien lo que significa para el estado este evento – ¡Un aniversario más! -.
Llega por fin el turno del señor gerente que hace la presentación de sus invitados, incluyendo al líder del Movimiento Ciudadano en el Estado, Jacobo Cheja, pero no hace lo mismo con su correligionaria Diputada Federal Xóchitl Zagal.
Así inicia la lectura de su discurso, con pretensiones poéticas que nos endilga clichés y supuestos sentimientos de pertenencia que caen en la ridiculez.
Habla de desigualdades, despojos de los bienes públicos y determina que ya no hay nada que hacer, por eso se entiende que no diga que va a hacer nada al respecto. Hace especial mención a sus pretendidos ejes que son la vil copia de los anteriores ejes del gobierno de la panista Karla Fiesco. Cambian las palabras, pero no el fondo.
Sí, si tenemos diferencias, en los conceptos, en las formas y en los fondos.
Porque mientras convoca a trabajar colectivamente, no hay una sola mención a la posibilidad de que sean los habitantes del municipio los que tomen las decisiones más importantes. Porque mientras hace citas de grandes pensadores y revolucionarios de México y América Latina, el gerente solo “piensa” en mantenerse en el poder.
Acusa de insidia y él es el primero en incitar la insidia desde la administración público porque para mantener lo que considera peligro para la Patria: «Cuando la Patria está en peligro todo está permitido, excepto no defenderla».
¿Quién pone en peligro la Patria? ¡De nombres! ¿Aquí, entre el pueblo están los que atentan contra la Patria? ¡Diga quienes son y no sea insidioso! ¿o será que piensa que usted es la Patria?
Es claro que tiene muchas ínfulas. Cuando más parece un remedo de intelectual y hípster barato que no alcanza a comprender su propia responsabilidad en la historia.
Es una verdadera tristeza saber que el pueblo, sí, ese pueblo al que no se le escucha, tendremos que seguir luchando para que podamos tener el gobierno que queremos, merecemos y necesitamos.
¡Cuautitlán Izcalli, 52 años y la lucha continúa!









