Por Fernando Elías Hernández
Contexto regional: intervención, aranceles y la nueva giba de la derecha
En el plano hemisférico, la política exterior de Estados Unidos vuelve a usar herramientas económicas y militares como palancas de presión política: en 2025 hubo decisiones presidenciales que impusieron aranceles amplios y el uso de acciones militares/operativos en el Caribe y en aguas cercanas a Venezuela bajo la bandera de la lucha contra el narcotráfico; la Casa Blanca defendió la medida de los aranceles como respuesta a “emergencias” vinculadas a seguridad y migración, y medios internacionales han documentado despliegues y acciones que tensan la región. Estas políticas reabren un viejo patrón: la utilización de la política comercial y la narrativa del “narco” como instrumentos de influencia externa y de disciplinamiento de gobiernos soberanos. (The White House)
Al mismo tiempo, en Sudamérica la derecha se reconfigura: en Argentina el fenómeno de Javier Milei mostró cómo un discurso libertario-populista puede ascender rápidamente y traducirse en políticas económicas de choque, recortes y confrontación con sectores populares; las medidas del gobierno de Milei han generado fuertes reacciones sociales y políticas. En Bolivia, las fuerzas conservadoras siguen intentando recomponerse frente a hegemonías populares y masistas; el mapa político regional está marcado por tensiones entre proyectos neoliberales y proyectos de integración popular. (Reuters)
Ese contexto internacional condiciona la lucha en México: la coacción económica (aranceles) y las operaciones “antinarco” utilizadas como argumento imperial reducen el margen de maniobra de los gobiernos populares y al mismo tiempo generan una oportunidad para articular soberanía económica y solidaridad regional como ejes de resistencia.
Movimientos sociales: factor de transformación y soporte para un gobierno popular en México
Desde la óptica de una práctica revolucionaria —sin caer en fórmulas dogmáticas ni en minimalismos electoralistas— los movimientos sociales son la columna vertebral de cualquier proceso de transformación profundo. ¿Por qué? Porque dan cohesión orgánica a las demandas materiales, porque generan formas de poder dual (espacios alternativos de decisión y reproducción social) y porque educan políticamente a las mayorías.
Principios estratégicos para convertir movimientos sociales en base de un gobierno popular:
- Autonomía y unidad táctica. Mantener independencia política frente a aparatos partidarios sin rehuir el vínculo electoral cuando sea útil. La autonomía permite que las agendas populares (salud, vivienda, empleo, seguridad alimentaria) marquen la pauta social y no sean devoradas por coaliciones electorales vacías.
- Frente social amplio. Articular obreros organizados, campesinado e indígenas, jóvenes precarizados, el sector informal urbano y capas medias empobrecidas. Históricamente, las alianzas duraderas y orgánicas han creado el sustrato material para sostener transformaciones.
- Instituciones populares duales y defensivas. Promover e instituir desde los gobiernos municipales de la transformación cooperativas productivas, bancos solidarios, comedores comunitarios, concejos comunitarios y tribunales ciudadanos donde la gente resuelva problemas concretos. La práctica cotidiana crea legitimidad y experiencia organizativa.
- Educación política y cultural. La batalla de conciencias no es sólo propaganda: las escuelas populares, radios comunitarias, bibliotecas itinerantes, cine y teatro popular forman sujetos críticos capaces de sostener un proyecto transformador.
- Estrategia legal y comunicación. Defenderse jurídicamente de la criminalización (leyes penales, acusaciones, campañas mediáticas) y disputar la narrativa en medios propios y alternativos para contrarrestar la desinformación.
- Movilización masiva y no dependiente. Paros, boicots y grandes movilizaciones ante gobiernos municipales ineficaces son herramientas improtantes; su eficacia depende de la preparación organizativa y de no repetir gestos simbólicos sin base material.
- Programa económico claro. No basta con protesta: es imprescindible un programa concreto —movilidad integral, seguridad pública, agua para todas y todos, control y democratización de sectores municipales estratégicos— todo lo que conecte las demandas con soluciones reales y plausibles.
- Internacionalismo y soberanía. Apoyar al gobierno de la Doctora Claudia Sheinbaum en construir alianzas regionales frente a la presión económica y militar externa; el choque con políticas como los aranceles o las operaciones “antinarco” exige de estrategias multilaterales internas para la defensa de la soberanía.
En suma: un “gobierno popular” sólo será durable si nace —y está sostenido— por relaciones de poder concretas en la sociedad. El desafío es construir esa base sin reproducir burocracias patrimonialistas ni sectarismos.
La derecha mediática y la degradación del debate público: el caso de plataformas como Atypical TE VE y figuras panistas
La derecha actual ha aprendido a convertir el entretenimiento y la opinión televisiva en fábrica de legitimidad: programas, canales y plataformas digitales funcionan como fábricas de “sentido” que simplifican el conflicto social en escándalos y descalificaciones. En México existe una proliferación de espacios que combinan espectáculo, humor y política, con invitados de la clase política —incluida la participación recurrente de figuras panistas— que terminan reproduciendo narrativas regresivas. Un ejemplo concreto es el canal/plataforma Atypical TE VE que ha difundido contenidos políticos con la participación de legisladores y figuras públicas; el caso de la diputada Joanna Alejandra Felipe Torres, militante del PAN y actual diputada local de Cuautitlán Izcalli, que tiene registros de intervenciones en ese espacio, demuestran no solo la degradación sino también la desesperación por tener “likes” y “seguidores”, ese es el nivel político de la oposición en México.
Esto se enlaza con la concentración mediática: grandes grupos económicos que controlan concesiones televisivas tienen capacidad para moldear agendas; en México, empresarios mediáticos con conflictos fiscales o financieros siguen siendo actores centrales del ecosistema informativo, lo que plantea preguntas sobre pluralidad y soberanía comunicacional. Casos recientes de disputas fiscales con dueños de medios ilustran esa tensión entre poder económico y comunicación pública.
Ante esos hechos nuestras estrategias populares frente a la ofensiva mediática de la derecha son:
- Impulsar medios comunitarios y cooperativos con formación técnica y financiación popular.
- Propiciar leyes que garanticen pluralidad en concesiones y transparencia en la propiedad de medios.
- Formación masiva en alfabetización mediática para que la gente reconozca manipulación y demagogia.
- Intervenciones culturales que desmonten la narrativa del miedo y la simplificación maniquea.
Calderón, la hipocresía del “antinarco” y la rendija para la denuncia
En el colectivo pensamos que cuando exfuncionarios o liderazgos conservadores piden intervención extranjera o tutela externa para “restaurar” institucionalidad, es legítimo recordar la historia reciente: durante el gobierno de Felipe Calderón (2006–2012) operaron estructuras de seguridad cuya corrupción terminó siendo juzgada fuera de México —el caso más emblemático es el de Genaro García Luna, exsecretario de Seguridad Pública, quien fue condenado en Estados Unidos por recibir sobornos de un cártel y por delitos vinculados al narcotráfico. Ese antecedente deslegitima cualquier llamado y presunta crítica a las políticas de seguridad del gobierno federal y pone en evidencia la relación entre la militarización de la seguridad y el clientelismo criminal que el impulsó.
Esta lección es doble: denunciar la hipocresía del prianismo desde nuestros municipios y, al mismo tiempo, pedir que se construyan mecanismos de soberanía y rendición de cuentas nacionales (investigaciones independientes, cooperación judicial con respeto a la soberanía, protección a testigos y fortalecimiento de fiscalías autónomas). No se puede pedir intervención externa quien gobernó con estructuras probadas de colusión.
El PRI, su descrédito y la oportunidad política de las izquierdas organizadas
El Partido Revolucionario Institucional —que dominó buena parte del siglo XX— hoy aparece muy golpeado por escándalos de corrupción en sus cuadros dirigentes; denuncias y solicitudes de desafuero contra su líder nacional, Alejandro “Alito” Moreno, por desvíos millonarios de recursos públicos y otros delitos han dañado la imagen de su partido y lo han relegado en las preferencias frente a nuevos y viejos actores. Esa crisis del PRI es una ventana para que las fuerzas populares y de izquierda fortalezcan programas de regeneración democrática que combatan la impunidad y promuevan reformas estructurales.
Pero hay que tener cuidado: la recuperación de la confianza popular no se consigue sólo denunciando; requiere de propuestas concretas, de control del poder (transparencia fiscal real, depuración de las élites locales, control ciudadano del gasto) y políticas que mejoren la vida cotidiana.
- Tácticas concretas —un pequeño manual didáctico de acción popular
- Crear comités barriales con delegados rotativos y agendas mensurables (agua, transporte, guarderías).
- Formar redes sindicales intersectoriales que articulen demandas salariales con plataformas políticas.
- Desarrollar cooperativas productivas con apoyo jurídico y fiscal para romper cuellos de botella del empleo informal.
- Medios populares: radios comunitarias, canales de streaming locales, boletines y observatorios ciudadanos.
- Campañas de denuncia y litigio estratégico contra corrupción fiscal y mediática (uso de la ley para exponer).
- Alianzas regionales con movimientos de Argentina, Bolivia y otros para bloqueo de presiones externas y construcciones de soberanía económica.
- Programas de formación política masiva: cursos de derechos, economía popular, comunicación y organización.
Cierre —un llamado a la praxis crítica y a la solidaridad
Pensar —y actuar— en términos de la transformación significa combinar claridad moral con disciplina organizativa: no es romantizar la violencia ni repetir fórmulas del pasado, sino aprender que la emancipación exige organización, inserción de la política en la vida cotidiana, independencia frente a presiones extranjeras y frente a los poderes económicos concentrados, y una ética pública que convierta la palabra en obra. Frente al uso geopolítico de aranceles y golpes de efecto “antinarco”, frente a la degradación mediática y la corrupción partidaria, la tarea urgente es construir poder popular: colegios de producción, radios comunitarias, sindicatos combativos, juntas vecinales y redes de solidaridad que hagan inviable la restauración de privilegios.
La historia nos enseña que los cambios no se regalan: se organizan. Y la organización empieza por la confianza mutua, la formación y la práctica cotidiana. Si la izquierda pretende ser alternativa duradera, debe hacerlo desde abajo, con el pueblo, articulando demandas materiales y horizontes democráticos. Esa es la lección que hoy, más que nunca, exige audacia y paciencia estratégica.
Colectivo Conciencia y Transformación
Cuautitlán Izcalli Septiembre 2025









